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Cómo avanzar hacia una cultura innovadora para transformar las empresas

Carme Castro Domínguez

Cuando hablamos de Innovación, habitualmente pensamos en crear nuevas formas de dar servicio, nuevos productos o descubrir algo que no nos habíamos planteado que pudiera existir. No obstante, también podemos innovar en cómo desarrollamos nuestra actividad profesional para que ésta sea más eficiente, productiva y potencie la creatividad, para ser innovadores en las ideas, soluciones o mejoras al tema que se está trabajando.

Las empresas necesitan y apuestan por el trabajo en equipo pues conocen los beneficios que ello supone. En la actualidad, el reto ya no es solo trabajar en equipo, sino que fluyan las ideas, se generen sinergias, se aporte valor y además se disfrute en ese proceso.  ¿Eso es posible? Sí, es posible. Hay que apostar por evolucionar hacia una cultura innovadora, generando un contexto que fomente y facilite los comportamientos de las personas y modelos relacionales entre ellas para lograr ese fin.

Las organizaciones tienen modelos de comportamiento acordes a su cultura,  estructuras organizativas,  procedimientos y protocolos. Si se desea avanzar hacia una cultura innovadora hay que acompañar a las personas a una transformación de hábitos, eliminando aquellos que limitan la innovación y alimentando o desarrollando hábitos que  potencien la creatividad e innovación. Innovar en la ejecución de las actividades profesionales es una palanca para que las personas evolucionen hacia los comportamientos que generen innovación. Einstein dijo, “locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”. Por ello, si quieres tener resultados distintos innova en la forma de hacerlo.

Por ejemplo, utilizar una herramienta creativa en una reunión de trabajo en la empresa es innovar. ¿Por qué? Porque al utilizarla estás rompiendo la dinámica habitual, estás provocando que las personas vivan una nueva experiencia, se comporten de otra forma, porque la propia herramienta invita a hacer algo diferente.

En mi experiencia, la introducción de estas herramientas en las organizaciones es absolutamente positiva. Observo cómo se transforman los comportamientos y la apertura de las personas a experimentar, probar, sienten curiosidad y prueban, algo que es absolutamente crucial para una cultura innovadora. Todas las personas tienen talento si generamos el contexto para que aflore.

Estas herramientas creativas, además de forma natural por la propia utilización de la misma, favorecen conversaciones abiertas, una comunicación sin prejuicios, donde lo importante es el contenido de la información y no quién lo dice o cómo lo dice, impide que se pierda talento, pues ayuda a expresarse a aquellas personas que más les cuesta y, a su vez, a expresarse con mayor libertad, pues no está el resto de participantes observándole, como cuando en una reunión, una persona expone y el resto escucha. La dinámica que se genera es con un formato diferente que contribuye a la aportación individual de todas las personas.

A continuación, se conversa, se debate, se intercambian puntos de vista sobre la información, ayudando a su comprensión, a generar nueva información, y sinergias de ideas. Todas esas conversaciones trabajan sobre ello construyendo, una idea o un resultado, que seguro será mejor que el que se hubiera creado con un formato más tradicional.

En todo ese proceso también se consigue que el equipo o grupo se cohesione, pues todos sienten que han contribuido, que forman parte de él, generando un sentimiento de pertenencia natural pues han co-creado un resultado, en el que todos se sienten satisfechos.

Estas herramientas nos permiten crear resultados de forma más eficiente y más potente, al haberlo creado con la inteligencia colectiva del grupo.

Además de esto, que ya es interesante para cualquier empresa, contribuye a una transformación en la forma de trabajar, en incorporar hábitos en las personas como la colaboración, la cooperación, la comunicación sin prejuicios, la cohesión del grupo, la humanización de la actividad, gracias a que el clima que se genera durante el proceso es distendido e incluso divertido, por lo que las personas pueden disfrutar del proceso. Las personas en un entorno cómodo nos comportamos de forma natural y nos mostramos tal y como somos, dejando ver el ser humano que llevamos dentro. Por eso, pienso que estas herramientas humanizan las relaciones en el entorno laboral.

Innovar en la forma de trabajar tiene grandes beneficios tanto en resultados empresariales como en desarrollo de talento, sólo necesitas creer en las personas y atreverte. ¿Te atreves?

 

 

Carme Castro Domínguez

Socia de kainova

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