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PYME o Gran Empresa, ¿es lo mismo dirigirlas?

Gonzalo Martínez de Miguel |  18  de septiembre de 2017

uede un profesional experimentado en la dirección de una gran empresa fracasar como director de una PYME? ¿Hacen falta capacidades de dirección diferentes?

En general las pequeñas y medianas empresas tienen una dinámica de funcionamiento diferente a las grandes empresas. Tienden a ser más flexibles a la hora de realizar el trabajo, suele haber menos procedimientos burocráticos, se adaptan mejor a los cambios y las comunicaciones y las relaciones entre los profesionales que la forman son más cercanas que en las grandes compañías.

Las personas al frente de una PYME toman mas decisiones vitales para la empresa, sus aciertos y sus errores tienen un impacto inmediato en los resultados de la compañía, su visión del negocio es más determinante y su capacidad para resolver problemas cotidianos termina marcando la diferencia. Por tanto, las PYMES deberían tener directivos y directivas de mas calidad si cabe que las grandes empresas.

Sin embargo, en los estudios sobre calidad directiva que realizamos, en nuestro Observatorio de Comportamiento Humano en la Empresa (OCHE), indican que las grandes empresas tienen, en general, mejor calidad directiva que las PYMES, aunque se den más frecuentemente algunos comportamientos y hábitos directivos más indeseables desde el punto de vista ético y de la propia convivencia en la empresa. Una explicación verosímil es que los responsables de las pequeñas y medianas empresas suelen tener menos oportunidades de seguir formándose una vez que están al frente de la empresa, mientras que las grandes invierten más en la formación de sus mandos durante toda la vida laboral de estos.

Los procesos básicos de liderazgo y dirección de personas y proyectos son los mismos en una gran empresa y en una PYME. El hecho de liderar, entendido como la capacidad de influir en otras personas para que elijan dar lo mejor de su capacidad en la dirección correcta, es común en una PYME y en una gran empresa, como lo es la gestión de conflictos, comunicación interpersonal, persuasión, madurez personal, etc.

Los directivos de las grandes empresas tienen que aprender a moverse en “la red” que suponen las estructuras matriciales, con dobles y triples niveles de reporte, aprender los juegos políticos y de poder, convivir con los procedimientos y rituales corporativos, trabajar en equipos mixtos con profesionales de diferentes departamentos, donde la jerarquía es difusa, colaborar con equipos deslocalizados en diferentes ciudades o países, con el añadido de que frecuentemente el idioma de trabajo, además del español es el inglés y hay grandes exigencias de planificación. Los directivos de las PYMES tienen que desarrollar otro tipo de capacidades.

En una PYME el impacto del trabajo de un directivo se ve rápidamente en la cuenta de resultados para bien y para mal, no hay recovecos en la estructura organizativa donde esconderse, por ello la responsabilidad se tiene frecuentemente sobre procesos completos. No hay ni tanta política, ni tanto juego de jerarquías. Son estructuras menos sofisticadas, más claras y fáciles de entender. En general las PYMES son empresas más humanas, donde se cruzan las relaciones personales con las  profesionales con más facilidad, por ello los empleados son los primeros en reconocer la calidad directiva de sus jefes. En las PYMES se exige más visión global del mercado y de la empresa, más flexibilidad para manejar lo imprevisto, más creatividad y una actitud más emprendedora. Frecuentemente dirigir una PYME es más exigente que ser directivo de una gran empresa.

Por este motivo, tener un buen líder es también lo mejor que le puede pasar a una PYME. La PYME es más sensible a la calidad del liderazgo. En estas empresas es más claro que colaboradores mejor dirigidos producen mejores resultados. La formación en liderazgo permite a los jefes hacer crecer a los empleados, comunicar mejor, gestionar con más facilidad los conflictos, mantener la serenidad ante la incertidumbre, etc. Todos los empleados se merecen un buen líder al frente. Es más, los empleados convencidos de que están siendo mal dirigidos deberían buscar otro empleo. Conformarse con trabajar con un mal líder es un error.

Lo que no cambia, independientemente del tamaño de la empresa, es la esencia del liderazgo. La vocación de servicio, la intención de ser ejemplo, la integridad, el carácter sólido, la capacidad para superar la adversidad y levantarse después de un fracaso y la madurez personal.

Los buenos líderes han sido siempre una minoría. Hay muchos jefes y muchísimos jefecillos, pero de ahí a ser un buen líder hay una gran diferencia. Los mejores son los que tienen la claridad de que su comportamiento debe ser un referente para el resto del grupo y tienen claro que quien dirige está al servicio del grupo y no el grupo al servicio de quien dirige. Los jefes mal encarados, que van por la empresa dando voces y dejando claro que ellos son los que mandan, mas frecuentes en otras épocas, pueden dar órdenes pero difícilmente llegan a liderar y a conseguir que las personas pongan el corazón en lo que hacen.

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